Hanoi: bienvenido al caos vietnamita

Llegué a una ciudad donde parece que todo se trata de moverse, de no parar, de simplemente seguir adelante al ritmo del claxon. Una capital donde las señales de tránsito tienen un rol más ornamental que funcional, donde los automóviles pero, sobre todo, son las motos las que dominan y el peatón es un pequeño estorbo que hay que brincar como si se tratara de un videojuego.

El término “jungla de asfalto” a ninguna ciudad le queda tan bien como a Hanoi: la imponente y caótica capital de Vietnam. Y es que aquí todos luchan por un espacio, hasta el más pequeño callejón funciona de estacionamiento, estética, tienda de abarrotes, restaurante o todas las opciones a la vez combinadas. Y, a pesar de eso, funciona. Esta lucha constante por tener un espacio, por llegar, ya es parte de los vietnamitas que habitan la capital y, somos los visitantes, los que atontados entre el asombro nos convertimos en pequeños estorbos para quienes solo buscan hacer su vida cotidiana.

Aun así el vietnamita te recibe con una sonrisa y si bien cada quien habla de cómo le fue, a mí me ha ido espectacular: desde el recepcionista del hotel que con un mal español pero mucha intención busca explicarme todo (incluso más de lo que puedo procesar después de 10 minutos recorriendo la ciudad con 30 kilos a mis espaldas); el taxista que no habla ni una palabra de inglés pero usa su traductor de Google para hacerme plática en medio del tráfico; o el conductor del Uber que me dice “México”, “spanish”, “Des-pa-ci-to” y ameniza el camino al ritmo de Fonsi.

Muy acostumbrados a los turistas, en Vietnam no parecen estar fastidiados de recibirlos, como suele ocurrir en otras urbes hipervisitadas. Aquí se busca tener suficiente infraestructura para ellos y el servicio a nivel de hostelería es espectacular. Por lo tanto, no sorprende que restaurantes, hostales y hoteles estén tan bien calificados por los viajeros.

¿Y sabes que es lo mejor? Todo esto a un precio espectacular. Año con año, Hanoi se posiciona como una de las capitales más baratas del mundo para visitar. Así que mejor me acostumbro al caos, al ruido del claxon, a los olores de comida de la calle y le doy un buen descanso al bolsillo.

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