Viajar no es increíble

Hoy les voy a contar un secreto o por lo menos algo que no dicen todos los bloguers y periodistas de viaje: viajar no es increíble. Y es que detrás de la foto perfecta o el vídeo espectacular siempre hay una historia.

Para tomar esa foto tuve que despertar a las 3 am y luchar por un espacio entre cientos de turistas, mientras moscas volaban en el lago.

Quizá no para todos, pero por  lo menos para los que viajamos por meses el viaje se convierte en tu vida y la vida no es perfecta. Nadie tiene 365 días de completa felicidad, sin enfermedades, contratiempos o decepciones.

A veces viajas kilómetros para conocer un destino que no tiene nada que ver con lo que imaginabas; tomas un avión para llegar a una ciudad y resulta que la actividad que quieres hacer no está disponible; te subes a un taxi y te cobra lo doble de lo acordado;  llegas cansado y resulta que tu hospedaje huele a pescado (literalmente porque es también restaurante de sushi); compras comida en un cadena americana porque quieres algo de sabor a casa y resulta que el sabor no está precisamente estandarizado; te quedas sin efectivo y nadie recibe tarjetas y entonces te quieres consolar comprando una cerveza con tus últimas monedas pero hay horario restringido para su venta.

Y entonces viajar no es perfecto. Pero, ¿por eso vale la pena no viajar? Por supuesto que no. ¡Viaja! Enférmate de viaje, mójate con la lluvia, rómpete un zapato de tanto caminar, piérdete y descubre nuevos lugares, aprende de otras culturas aunque a veces sea difícil comprenderlas… cada una de esas experiencias son parte del viaje, algunas menos agradables que otras, pero todas por igual ayudan a crear momentos únicos, recuerdos y, sobre todo, aprendizajes.

Escribo esto no para motivar a nadie a que no viaje y se quede en su área de confort, sino para que estés preparado a que no todo tiene que ser perfecto, pero va a ser tu gran aventura.

 

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